El obispo, Bernardo Álvarez, pronunció una conferencia en la sociedad la Cosmológica de la capital palmera titulada:
“La Palma y Nuestra Señora de Las Nieves, religiosidad y tradición”. El acto fue introducido por Carlos Lugo, presidente de la citada sociedad. Correspondió al párroco de el Salvador presentar al Obispo resaltando las cuatro palabras que daban sentido a la disertación y que avalaban a la persona que la hacía: La Palma, Las Nieves, religiosidad y tradición.
El prelado Nivariense comenzó haciendo suyas unas palabras de su homólgo canariense para referencia a la pertinencia de volver a los orígenes para ver si lo que hoy hacemos, en referencia a la piedad popular mariana en este caso, se corresponde a lo que debería ser.
El obispo se refirió a lo que llamó “la denominación de origen del culto a la Virgen María, que aquí se manifiesta como Bajada de la Virgen de Las Nieves”. El origen está palabras de Jesús en la Cruz: “He ahí a tu madre”. “Siempre estamos llamados por Cristo a recibir a María en nuestra casa. La acogemos, sobre todo, en nuestro corazón. –aseveró. La Virgen es una persona viva que, a través de la imagen de las Nieves, hoy viene a nuestro encuentro como en el siglo XV vino al encuentro de los que habitaban esta isla, señaló.
Poner lo esencial de la fiesta al alcance de todos. Al servicio de la fe y la devoción, es lo que trata la Iglesia. Lo que se nos ofrece – dijo- es la posibilidad de tener un encuentro vivo con Jesucristo. Y atender a lo que María nos dice: Haced lo que Él os diga”
Para Álvarez, si la denominación de origen no se mantiene viva en la conciencia viva del pueblo, se traicionará el auténtico sentido de la fiesta. Por ello advirtió que “corremos el peligro en quedarnos en una exaltación de lo accesorio y olvidarnos de lo esencial. Cuidar las formar y olvidarnos el fondo. Exaltar lo que hacemos nosotros y olvidarnos en lo que hace Dios. Lo que Dios quiere hacer en nosotros y por nosotros, es lo que hemos de tener fundamentalmente en cuenta”.
Posteriormente, siguiendo el título de su intervención, el conferenciante explicó la diferencia entre fe y religión. “La fe es religión y es algo más. La religión siempre es una iniciativa del ser humano y, en la fe, la iniciativa corresponde a Dios.
Podemos caer en la trampa – expuso- de vivir en la pura religiosidad, dando más valor a lo que nosotros hacemos a lo que Dios hace en nosotros y a través de nosotros. Corremos el peligro de transmitir costumbres y tradiciones religiosas y no fe. Recordando al Papa Juan Pablo II afirmó que a veces “se aprecian como un valor cultural pero sin incidencia en la vida de quien hace esas prácticas religiosas hoy. Corremos el peligro de dar más importancia al marco que a la propia virgen María – indicó.
¿En nuestras fiestas de la Bajada a qué le damos más importancia? se preguntó Bernardo Álvarez. En este sentido invitó a no confundir la estética de la religión, con la religión de la estética. La estética es un valor, pero no podemos confundirnos
Por otro lado, también defendió que las fiestas no pueden evadirnos de la vida. “La fiesta es la afirmación de que la vida tiene sentido y que merece la pena vivirla”. Por ello expuso que las mismas han de tener relación con la vida y no evadirnos de ella. Afrontar las realidades de la vida. “Todos buscamos ser felices y es importante no equivocar el camino que nos ayuda a conseguirlo”.
Esta idea tuvo su prolongación en la reflexión que realizó sobre el sentido de la fiesta y de la alegría, la diversión y la alegría. ” Alegría, gozo y fiesta no son incompatibles con la vida cristiana. No se puede servir a Dios sin alegría y fiesta. También otros se han ido en la búsqueda de la alegría sin Dios. A Dios – expuso- “se le ama no solo rezando, sino disfrutando de todo lo que Él ha creado. A Dios se le ama compartiendo la vida con los que nos rodean, sin olvidar que las cosas son para todos.”
También Álvarez Afonso sostuvo que “no hay una verdadera fiesta sin solidaridad, sin preocupación por los otros, manifestando su alegría por el proyecto solidario de esta Bajada con Mauritania.
En la parte final de su conferencia el obispo recordó que el culto y la vida se necesitan mutuamente, y que la fe no es un asunto privado, aunque sí es personal. “Va conmigo siempre, es algo visible y público; no se puede ocultar. “Las creencias religiosas como tantas cosas, si no se expresan, comparten y celebran o no se tienen o se acaban perdiendo”- aseveró.
Por ello defendió que “todos los actos forman parte de una misma fiesta, no tiene que haber oposición entre lo religioso y lo cívico, siempre que no desdigan de la Virgen. En este sentido alertó sobre los riesgos de la hipocresía e invitó a vivir la Bajada con autenticidad. “La autenticidad de las liturgias y cultos, que no consiste solo en hacerlos bien. Todo – hizo hincapié- “es para suscitar y acrecentar la experiencia religiosa de los que participan, estimular su fe y vida cristiana. Si falta la fe y la vida todo se reduce a una manifestación estética y cultural”.
En la parte final de la disertación el prelado nivariense recordó que la tradición es algo dinámico, en ella “se consideran las cosas del pasado, se asumen en el presente, se enriquecen y se transmiten hacia el futuro”. Recibir, acoger y pasarlo otros. No se puede recibir y transmitir lo que no se tiene, dijo para preguntarse: ¿Qué tradición hemos recibido en la Bajada; qué transmitimos?
Una tradición en la iglesia es todo lo opuesto a la repetición mimética de lo que otros han hecho. Las personas somos creativas y originales. La tradición es viva y cambiante. Si queremos matar una tradición no tenemos más que repetir sin expresar con la propia creatividad. La tradición somos las personas viviendo la vida con pasión y con sentido. Nosotros -aseveró- “somos tan creadores de tradición como nuestros antepasados, como aquellos que introdujeron los grandes números que hoy conservamos. Podemos ser creadores de tradición. ¿Qué hemos recibimos, qué transmitimos y debemos transmitir, qué permanece y qué es cambiante? Invitó a preguntarse a los que se encontraban en el salón de la Cosmológica.
La tradición es como caminar, con un pie nos apoyamos y con otro avanzamos. Nos apoyamos para dar un paso hacia adelante. La tradición impulsa a avanzar, a progresar. La verdadera tradición la vamos haciendo las personas en el día a día.
El obispo finalizó recordando que lo mejor de las fiestas escapa a nuestra mirada. Ocurre en el interior de las personas. Solo con el corazón se pueden vivir bien. Lo esencial resulta invisible. La auténtica tradición es que María es una persona viva que sale al encuentro de nuestro pueblo que la acoge. Lo que debemos recibir, conservar y transmitir es esta fe. Buscar el camino, la verdad y la vida en aquel que ella nos muestra, su hijo Jesús. Que como ella recibamos a Jesús en nuestro corazón, concluyó.