“Estamos contentos por las obras de restauración y la reapertura del Santuario. Pero, esta alegría no es completa si junto con la rehabilitación del edificio no nos renovamos también nosotros, los que formamos la comunidad cristiana, que somos el verdadero templo de Dios, un edificio de piedras vivas”. Así se expresaba el obispo, Bernardo Álvarez, en la Eucaristía que presidía en el Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna después del retorno al mismo de la imagen del Crucificado moreno.

El traslado se había iniciado en la iglesia del Hospital de Dolores, donde permaneció la imagen el tiempo que duró esta fase de la restauración del Santuario. La Esclavitud del Cristo, antes de partir, quiso tener un reconocimiento agradecido con los padres paules.

Al llegar la imagen al exterior del Santuario tuvo lugar el acto institucional de recibimiento de la obra. Allí se encontraban el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, el del Cabildo Insular, Carlos Alonso y el alcalde lagunero, José Alberto Díaz. El esclavo mayor, Francisco Doblas, y cada uno de ellos fueron tomando la palabra para expresar la importancia del momento que se estaba viviendo y la gratitud a las personas e instituciones que lo habían hecho posible.

Tras las alocuciones, el rector del Santuario, Daniel Padilla, leía el decreto de la Penitenciaría Apostólica de la Sede Apostólica concediendo un Año Jubilar al conmemorarse el V centenario de la presencia de la imagen del Cristo de La Laguna.

El presidente del Cabildo, por su parte, entregó al obispo las lleves del templo, el cual hizo lo propio con el rector y el esclavo mayor. A continuación, el prelado nivariense, abrió la puerta de la Misericordia que señala este tiempo Santo, la cual atravesó la imagen ante el regocijo de los presentes.

Ya en el interior de la iglesia, Álvarez presidía la Eucaristía. En su homilía hacía suya la expresión de S Juan Pablo II. «¡No tengáis miedo! ¡Abrid, más aún, abrid de par en par las puertas a Cristo!». “Cristo quiere entrar en el Santuario que es cada uno de nosotros. ¿Le abrimos la puerta de nuestro corazón?”- subrayó. “De esto trata el Año Santo Jubilar que hoy iniciamos. De Abrir la puerta de nuestro corazón y acoger a Cristo”. El obispo invitó a leer una carta que había escrito para profundizar en el sentido de este tiempo jubilar.

Haciendo un símil con la restauración del Santuario, el prelado subrayó que “las paredes y cubiertas del Santuario presentaban graves deficiencias que ponían en peligro el edificio y las hemos reconstruido; ahora bien, ¿De qué nos vale tener un hermoso Santuario de piedras si quienes nos reunimos en él seguimos corroídos por el pecado y llevamos una vida cristiana deficiente?

“La necesidad de “nuestra restauración personal”, nos ayuda a comprender más plenamente el significado del JUBILEO. Se trata de alegría y acción de gracias, sí. Pero, sobre todo, porque se nos ofrece la oportunidad del borrón y cuenta nueva, de abandonar los caminos equivocados, de poner orden en nuestra vida, de curar las  heridas y secuelas de va dejando en nosotros la mala vida que hemos llevado…, es pedir: “Oh Dios restáuranos, que brille tu rostro y nos salve. No nos alejaremos de Ti, danos vida para que invoquemos tu nombre” (Salmo 79). Es la oportunidad, en fin, de ser renovados y rejuvenecidos por el Espíritu Santo”- aseveró.

Al final de la Misa, el rector, Daniel Padilla, reiteró el agradecimiento a todos y subrayó que el Cristo ya estaba en su casa, pero que no quería retornar solo. “Se nos abre un período para renovar nuestro encuentro con Cristo”.  “El Santuario en la Casa de todos. Volvamos a casa”- dijo.