D. Damián, fiel hasta el final

Dejar huella es sinónimo de tener raíces sólidas. Aquel niño Damián, hijo de Dionisio Iguacen y Petra Borau, en cuyo seno familiar vino al mundo en 1916 en Fuencalderas (Zaragoza) siendo el último de tres hermanos y dos hermanas,  a lo largo de su dilatada vida 104 años fue sembrando, cultivando y recogiendo armonía, paz cristiana, fraternidad evangélica, valores humanos y cristianos con los que ayudó a muchas familias, a muchos sacerdotes  y comunidades religiosas.

Persona cabal, llena de criterio y sensatez, con nobleza aragonesa, un buen soporte para conseguir desde su dimensión personal, sacerdotal y episcopal ser heraldo de la fe cristiana con su palabra sincera, sus sentimientos cargados de afecto, cercano a la vida de los demás en sus penas y alegrías, fiel a su carisma y lleno de la luz de Dios. Con todo este bagaje, en sus variados campos apostólicos llegó a la gente siempre con sencillez, sin ambiciones, con respeto y con amor. Se propuso, no se impuso.

En el mundo rural, en 1941 empezó su trayectoria sacerdotal, tras su formación en el seminario de Huesca y tras los años convulsos de la Guerra Civil en la que fue llamado a filas y recibió el encargo de trabajar en trasmisiones con el lenguaje Morse. Los pueblos del entorno de San Miguel de Foces estrenaron sus vivencias apostólicas, así como las poblaciones de Broto, Torla y adyacentes.

Tras un periodo dedicado a la formación de los seminaristas en Huesca, pasó a la parroquia de Santa Engracia de Zaragoza, perteneciente a la diócesis de Huesca hasta 1955 y en el barrio de Torrero, y desde la iglesia de San Lino realizó una pastoral obrera en la gente que procedentes del mundo rural y con el incipiente vaciamiento de los pueblos en él y con su afán apostólico encontraban acogida y acompañamiento humano y cristiano.

El obispo diocesano de Huesca D. Lino Rodrigo conocía su buen hacer y confiando en él le nombró delegado episcopal para la parroquia de Santa Engracia en Zaragoza. Quedó en buenas manos. En episodios difíciles su presencia se hacía necesaria, en Tardienta tras unos acontecimientos muy duros en un pueblo cargado de miedo por varios asesinatos, entre otros el párroco,  allá entretejió paz y armonía.

La parroquia de San Lorenzo fue testigo de las novedades pastorales que D. Damián introdujo con Cursos pre-Matrimoniales, catequesis parroquiales, formación de jóvenes… y es que su acendrado trabajo realizado con amor y con humor no dejaba indiferente.

El obispo D. Lino por razones de edad y salud no podía atender la diócesis de Huesca y se la encargó como Administrador Apostólico al obispo de Barbastro D. Jaime Flores y tras él, en 1969 fue D. Damián que ya era Vicario de Pastoral quien recibió el encargo de Administrador Apostólico hasta el inicio del episcopado de D. Javier Osés en diciembre de 1969.

Cuánto hizo y cuánto valoran las gentes de la Diócesis de Barbastro a D. Damián de aquellos cuatro años entre 1970 y 1974 que fue su obispo. Encontró un terreno bien abonado, ya que el obispo anterior D. Jaime Flores dejó su buena impronta salmantina y de Operario Diocesano.

Siguió sirviendo desde su acción episcopal en Aragón, en este caso en la diócesis de Teruel y de Albarracín durante diez años de1974 a 1984. Contento D. Damián entre sus gentes turolenses, utilizando como pasaporte su permanente entrega fruto de su raíz profunda de fe y amor a la Iglesia y siempre con su bagaje de objetivos claros, tareas comunitarias, y acierto en  decisiones. Como siempre y en todas partes viviendo su lema episcopal “el último de todos y el servidor de todos”.

Un nuevo nombramiento episcopal en 1984 le condujo fuera de Aragón, a las Islas Afortunadas, a la diócesis de Tenerife. Le preguntaron allí, “dicen que a Vd. lo han traído aquí castigado”, a lo que él contestó “venir a las Islas Afortunadas es un premio” Y es que D. Damián se había involucrado en la Conferencia Episcopal y en Nunciatura por la adecuación de los límites diocesanos con los límites de geografía política en Aragón. Pero su inicial trabajo fructificó,  pues en 1995 las parroquias oscenses pertenecientes a la diócesis de Lérida se integraron en Aragón en la nueva diócesis de Barbastro-Monzón.

El actual obispo de Tenerife, D. Bernardo Álvarez Alfonso, sacerdote que era de esa diócesis y gran colaborador de D. Damián nos mostraría la inmensa labor que D. Damián hizo y dejó en esa diócesis nivariense durante siete años.

El pueblo creyente, las instituciones civiles, la sociedad en general se han hecho eco del buen hacer  de D. Damián a lo largo del tiempo. Han apreciado su capacidad y entrega  que desde su afán apostólico  ha ido sembrando y construyendo caminos de acogida y encuentro de ideas, personas, aunando su fe recia, su impulso sacerdotal con sus cualidades humanas y buen humor,  impulsando siempre la creación de Comunidad cristiana desde su sencillez y huyendo  de la arrogancia y vanidad.

  • El Ayuntamiento de Huesca el 22 de enero de 1970 le concedió la Medalla de Oro de la ciudad y le nombró Hijo Adoptivo de la misma.
  • En 1985 la Diputación Provincial de Teruel le concedió la Cruz de San Jorge.
  • La Diputación General de Aragón le concedió la Medalla a los Méritos Humanos.
  • En 1991 la Mancomunidad Provincial Interinsular de Santa Cruz de Tenerife lo nombró hijo adoptivo de la Provincia por su alta misión espiritual, social y cultural.
  • Bien merecido fue el homenaje, sencillo pero cargado de afecto y gratitud, el que le tributó la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural el 14 de junio de 2010 en el marco de las XXX Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural de la Iglesia, celebradas en Málaga con la presencia de la mayor parte de Delegados de Patrimonio de las Diócesis Españolas con el Presidente de la Comisión Episcopal para el Patrimonio Cultural Mons. Jesús García Burillo, obispo de Ávila, quien le hizo entrega de un grupo escultórico con la representación del Lavatorio de los pies, obra del prestigioso artista cordobés  Marco Augusto y que D. Damián regaló al Museo Diocesano.
  • En 2012, en Huesca, la Revista “4ESQUINAS” le concedió el “Premio Julio Brioso” a la figura del Año 2012 y le dedicó la portada y un pliego en el nº 219 de dicha publicación.
  • La Asociación de Archiveros de la Iglesia en España, en su XXIX Congreso celebrado en Zaragoza en septiembre de 2015, el día 16 tuvo lugar la programación en Huesca, y en concreto, en la catedral le hizo un homenaje de reconocimiento y gratitud a D. Damián por su rica trayectoria que le permitió poner los cimientos de esta Asociación obsequiándole con una réplica de la talla en madera de la Virgen del Pilar.
  • Multitudinario fue el homenaje que se le tributó a D. Damián el día 12 de febrero de 2016 con motivo de su 100 cumpleaños en una Misa en la catedral de Huesca, con presencia de varios obispos, numerosos sacerdotes de distintas diócesis, fieles y una nutrida representación de diocesanos de Tenerife presididos por su obispo D. Bernardo Álvarez Alfonso.

En este polifacético obispo hay un gran capítulo que tiene una actual y profunda dimensión. Su conocimiento y amor al Patrimonio Cultural religioso: el arte, la música, los archivos. Desde 1972 a 1981 fue miembro de la Comisión  Episcopal de Liturgia, donde fue notoria su visión de los espacios litúrgicos con sus elementos integrantes de la liturgia, momentos en los que algunos de ellos, tras el Vaticano II,  quedaban fuera de uso con las nuevas normas litúrgicas, utensilios y ornamentos  que no había que desechar sino guardar y proteger. En estos momentos, dentro de la Comisión de Liturgia, y a modo de apéndice, estaba también la sección de Patrimonio. D. Damián insistió a sus compañeros miembros de la Comisión y consiguió que la sección de Patrimonio, por su entidad e importancia,  tuviera una comisión propia, que tras la primera legislatura de la Conferencia Episcopal él presidiría desde 1984.

En este contexto fue elegido Presidente de la Comisión de Patrimonio Cultural de la Conferencia Episcopal Española, cargo que desempeñó entre  1984-1993 y con la encomiable colaboración de D. Ángel Sancho Campo, D. José María Martí Benet, el P. Juan Plazaola Artola,  Fray José Manuel Aguilar y el P. Carlos Corral, entre otros,  se asentó en este periodo lo que hoy es, bien consolidado y con buena proyección de futuro,  el entramado  de Patrimonio Cultural de la Iglesia en sus vertientes de patrimonio artístico, musical, archivos –bibliotecas y museos diocesanos.

Para asentar bien la Comisión Nacional de Patrimonio y ensamblarla con las mismas Comisiones Diocesanas que se crearon, llenarlas de contenido y formar a los responsables  de las mismas,  D. Damián tuvo especial interés en crear las Jornadas de Patrimonio  que se celebraban durante el mes de junio en San Lorenzo de El Escorial.

Se aprobaron los Estatutos de la Asociación Española de Museólogos Eclesiásticos, y es ahora cuando se crean también Los Estatutos de la Asociación Española de Archiveros y Bibliotecarios Eclesiásticos con el fin de aunar aquellos aspectos más importantes y generales para todas las diócesis.

Las ponencias o discursos de D. Damián eran eminentemente prácticos, así  en diversos años dictó las ponencias: El Patrimonio Cultural de la Iglesia: su interés pedagógico y catequéticoLa Virgen María en el Arte Español, Líneas de actuación sobre el Patrimonio Cultural, El Patrimonio Cultural de la Iglesia y la Nueva Evangelización, etc.

Conoció el Patrimonio Cultural y lo dio a conocer contribuyendo a su proyección. Ya en su estancia en Santa Engracia publicó su primera obra, un pequeño epítome sobre la Cripta de Santa Engracia, siguieron publicaciones sobre San Úrbez de Nocito, La Basílica de San Lorenzo de Huesca (1969) y varias obras para la formación de los agentes de Patrimonio Artístico religioso: Diccionario del Patrimonio Cultural de la Iglesia, volumen de 1075 págs.(1991); La Iglesia y su Patrimonio Cultural. (1984); El Patrimonio Cultural de la Iglesia. (1982); El Arte y la Liturgia. (1993).

Retirado en el Hogar Saturnino López Novoa de Huesca en estos últimos años y atendido por la calidad humana y generosa entrega de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados no ha dejado de ir recibiendo un goteo intermitente de visitas, sobre todo sacerdotes, obispos y cardenales de distintas diócesis, entre otros a nuestro obispo D. Julián Ruiz, a D. Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, a Mons. Juan José Omella presidente de la Conferencia Episcopal Española, atraídos por su referencia episcopal y apostólica en su tarea pastoral en las distintas diócesis en las que él sembró y cultivó la fe con su acendrada entrega.

Su completa dedicación y entrega sacerdotal y pastoral y su calidad humana configuran a D. Damián como un hombre sin presunción, de pensamiento claro y firme, de juicios profundos, de proceder discreto y de honda espiritualidad, de vivir sencillo, amó la pobreza y la vivió.

Don Damián,  gracias por cuanto ha sembrado y por cuanto nos ha dejado en las diócesis de Huesca, Barbastro-Monzón, Teruel y Tenerife y por cuanto ha hecho por el Patrimonio Cultural de la Iglesia.

El pasado día 24 de noviembre, D. Damián, el hijo de un peón caminero de Fuencalderas, por el recto camino que él vivió llegó a Dios.

Descanse en Paz.

 

José Mª Nasarre López

Delegado Diocesano de Patrimonio

Huesca, 25.11.2020

2020-11-30T20:01:45+00:00