Convivencia de los diáconos permanentes

La Casa Manresa de Tacoronte acoge este fin de semana, una convivencia de los diáconos permanentes y aspirantes a este ministerio. Bajo el lema evangélico: Quien quiera seguirme, los participantes tendrán la oportunidad de profundizar en la identidad ministerial a través de las reflexiones del sacerdote franciscano Dionisio Ruiz y del vicario Antonio Pérez.  También habrá tiempo para la oración compartida, un cine fórum, la realización de un escape room, la celebración de la eucaristía y  tiempos de ocio.

La diócesis cuenta, en este momento, con siete diáconos permanentes, dos candidatos que han recibido ministerios y ocho aspirantes.

La naturaleza sacramental del ministerio eclesial hace que a él esté «intrínsecamente ligado el carácter de servicio. En efecto, los diáconos, en cuanto dependen totalmente de Cristo, el cual confiere su misión y autoridad, son verdaderamente «siervos de Cristo» (cf. Rm 1, 11), a imagen de él, que ha asumido libremente por nosotros «la condición de siervo» (Fil 2, 7)».

El servicio de los diáconos en la Iglesia está documentado desde los tiempos apostólicos. Una tradición consolidada, atestiguada ya por S. Ireneo y que confluye en la liturgia de la ordenación, ha visto el inicio del diaconado en el hecho de la institución de los «siete», de la que hablan los Hechos del los Apóstoles (6, 1-6). En el grado inicial del Orden están, por tanto, los diáconos, cuyo ministerio ha sido siempre tenido en gran honor en le Iglesia. San Pablo los saluda junto a los obispos en el exordio de la Carta a los Filipenses (cf. Fil 1, 1) y en la Primera Carta a Timoteo examina las cualidades y las virtudes con las que deben estar adornados para cumplir dignamente su ministerio (cf. 1 Tim 3, 8-13).

2019-03-27T09:06:15+00:00