El Sábado Santo es el día en el cual la Iglesia contempla el “reposo” de Cristo en la tumba después del victorioso combate en la Cruz. En el Sábado Santo, la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe está recogida en ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente.
En la oscuridad que envuelve la creación, Ella se queda sola para tener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza (cfr. Rm 4,18) en la Resurrección de Jesús.
Esta noche en todas las parroquias de la diócesis se celebra la Vigilia Pascual, la más importante celebración de la vida de la Iglesia. Según una antiquísima tradición, esta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que tiene lugar en la misma, conmemorando la noche santa en la que el Señor resucito, ha de considerarse como “la madre de todas las santas vigilias”. Esta celebración de la Vigilia Pascual debe hacerse en la noche, para lo cual durante el sábado las parroquias en Canarias se están preparando para esta “solemnidad de las solemnidades; para esta noche “amable más que la alborada” que hace memoria del acontecimiento central del cristianismo: la resurrección de Jesucristo.
Por ello, los católicos se reúnen en cualquier templo de las islas para compartir la Vigilia Pascual; para celebrar la liturgia del fuego y la luz, escuchar la Palabra, renovar el bautismo, vivir la liturgia eucarística y compartir un ágape fraterno y festivo.
El obispo Nivariense preside a las diez de la noche la Vigilia Pascual en la Catedral. También presidirá el solemne pontifical del Domingo de Resurrección, a las 12 del mediodía, al final del cual impartirá la bendición papal y se realizará la procesión de Jesús Sacramentado.