Este Domingo de Ramos, Pórtico de la Semana Santa, a las 10 horas en el Monasterio de Santa Catalina de Siena de La Laguna, el obispo realizó la bendición de las Palmas y Olivos.
Seguidamente tuvo lugar la procesión solemne de este día hasta la Catedral, haciendo memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén. Ya en el primer templo de la diócesis se celebró la eucaristía del día, en la que se proclamó, en esta ocasión, la Pasión según San Mateo.
Seguidamente tuvo lugar la procesión solemne de este día hasta la Catedral, haciendo memoria de la entrada de Jesús en Jerusalén. Ya en el primer templo de la diócesis se celebró la eucaristía del día, en la que se proclamó, en esta ocasión, la Pasión según San Mateo.“Con amor y fe viva, celebramos la muerte y resurrección de Jesucristo”, señala en una misiva el Obispo Álvarez, «Así aparece la motivación que debe movernos para celebrar la muerte y resurrección de Jesucristo. Ya decía San Pablo en su carta a los Corintios, refiriéndose a cosas tan importantes como dar en limosna todo lo que tengo, o tener fe como para mover montañas, que “si no tengo amor de nada me sirve” (1Cor. 13, 1-3)».
«Es necesario mostrarnos como personas que, creyendo, celebramos la fe y servimos al Señor amando a nuestros hermanos, especialmente a los más vulnerables»- invita el Obispo, para quien «lo más importante de la Semana Santa es el encuentro personal con Cristo, que es la fuente de nuestra salvación. De Él nos viene el perdón de nuestros pecados y la fuerza para amar a los demás como él nos ha amado». Por ello recuerda «que no se debe olvidar que el verdadero culto a Dios se realiza, ante todo, en la existencia cotidiana, vivida en la caridad por la entrega libre y generosa de uno mismo al servicio de los demás. A celebrar la Semana Santa, “con amor y fe viva”, no sólo aprendemos de Cristo a dar la vida por amor, sino que recibimos la gracia y la fuerza necesaria para vivir como vivió Él».

En cuanto a la homilía del presente Domingo de Ramos, Bernardo Álvarez invitó a dar gracias, tras la lectura de la pasión, porque todo lo que se ha narrado ha acontecido «por nosotros y por nuestra salvación». El prelado Nivariense exhortó a los presentes en el templo catedralicio a fijar su atención en los distintos personajes de la Pasión, para poder vivirla en primera persona. Así, focalizó la atención en la distinta reacción de Pedro y Judas tras entregar a Jesús y negarlo. Mientras Pedro pudo fijar su corazón y sus ojos en Jesús que le perdonó y le dio un corazón nuevo y un espíritu nuevo, Judas se encerró en su remordimiento y no confío en el Señor.
Al terminar la Misa se desarrolló la Procesión de la Entrada de Jesús en Jerusalén, acompañada de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén y Cristo Predicador.
