El martes día 6 de febrero empezó un curso con el título “Una aproximación al discernimiento ignaciano”. Es impartido por el jesuita Francisco José Ruiz Pérez, licenciado en Filosofía por la Universidad Pontificia Comillas, en Teología por la Facultad de Teología de Cartuja, Granada y Doctor en Teología Dogmática por la Universidad Filosófica-Teológica Sankt Georgen Hochschule de Frankfurt. El curso durará hasta el 29 de mayo y en la primera sesión desarrolló, además de cuestiones organizativas, el tema del discernimiento y la evangelización.

Les pasamos un adelanto de una entrevista que hemos tenido con el profesor. La podrán leer completa en el próximo número de la revista Iglesia Nivariense.

¿Cómo conecta la EG discernimiento, purificación y reforma?

La EG proclama que la Iglesia ha de ser misionera. De alguna forma, tiene que salir de sí y ser significativa, nuevamente significativa, para el mundo. En esa línea, cada Iglesia particular es animada por la exhortación, como indica el n. 30, a entrar “en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma”. De estos tres términos, la EG recurre mucho más al de “discernimiento” en el conjunto del texto. Utiliza menos el de “reforma” y sólo puntualmente el de “purificación”. Pero los tres términos están conectados: si la Iglesia está invitada a ser creativa en su plasmación pastoral, debe discernir en qué, ha de purificar su cómo y ha de reformar su desde. La misión implica al misionero; el mensaje, al mensajero. Evangelizando, la misma Iglesia se evangeliza, y esa será la forma de que su impacto de humanización, si Dios lo quiere, sea mayor.

“Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Ese es el título del documento preparatorio del Sínodo de Obispos. ¿Cómo está enfocado el tema del discernimiento?

El Sínodo quiere acercarse a la realidad de los jóvenes imaginando la pastoral juvenil desde la perspectiva del discernimiento vocacional. La vocación la ve el documento preparatorio en su sentido más amplio: se trata de “opciones que articulan estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada, etc.), profesión, modalidad de compromiso social y político, estilo de vida, gestión del tiempo y del dinero, etc.”. Discernir cada una de esas elecciones y conducirlas a “la plenitud de la alegría” en clave evangélica es el servicio que la Iglesia puede hacer al joven, justamente en esa edad vital en que la toma de opciones de peso suele tener su momento. El hecho es que el documento está concebido desde esa clave: después de analizar dinámicas actuales presentes en el mundo en que el joven crece y opta, propone los pasos fundamentales del proceso de discernimiento y esboza una posible pastoral juvenil vocacional. Lo interesante es que el documento reconoce en el discernimiento vocacional “el instrumento principal que la Iglesia desea ofrecer a los jóvenes para que descubran, a la luz de la fe, la propia vocación”. No cabe más realce de lo que constituye el discernimiento y, diría igualmente, de su oportunidad y pertinencia en la coyuntura de cambio y transición como está viviendo el mundo.