Celebración de las bodas de plata de la Residencia Sacerdotal «San Juan de Ávila»

A mediodía de este martes 26 de noviembre, el obispo nivariense presidió la Eucaristía de acción de gracias por el 25 aniversario de la Residencia Sacerdotal “San Juan de Ávila”, en La Laguna. Tras la celebración, tuvo lugar un almuerzo fraterno.

La misa se celebró en la capilla de dicha casa y contó con la presencia de los sacerdotes que actualmente residen en ella, del delegado para el clero, Pablo Álvarez y del director de la residencia, Juan Carlos Alameda. Asimismo, también asistieron otros sacerdotes y amigos de los residentes, así como el delegado territorial para Canarias de UMAS, Mutua de Seguros, Pablo Martínez.

Al comienzo de su homilía, monseñor Álvarez recordó cómo nació esta residencia cuya “primera piedra” fue colocada por el obispo emérito, Damián Iguacen el 7 de junio de 1991, pocos días antes de dejar esta diócesis. Tres años más tarde, concretamente el 26 de noviembre de 1994, monseñor Felipe Fernández bendecía e inauguraba la casa acompañado precisamente por monseñor Iguacen.

El prelado nivariense continuó su intervención señalando una curiosa anécdota. “Yo fui el primer habitante de la casa. Aún estaba sin inaugurar. En septiembre de 1994, subí las escaleras con dos muletas recién operado del menisco que me había lesionado en Roma jugando a fútbol”, recordó Álvarez. El obispo expresó que esos meses en los que estuvo recuperándose de la operación, así como los años en los que se hospedó en la residencia, experimentó el servicio siempre extraordinario de las hermanas que han ido atendiendo la casa.

Posteriormente, Álvarez indicó la importancia de sentirse acompañado por otros sacerdotes cuando se llega a una avanzada edad. “A través de personas que ha elegido el Señor, estamos recibiendo el consuelo y la ayuda que necesitamos. Por eso, los motivos para dar gracias a Dios son abundantes. Incluso en la vejez y en la enfermedad, somos sacerdotes. El sacerdocio no es tanto el hacer, sino el ser”.

Por último, el prelado nivariense destacó que en esta casa que ya tiene 25 años de vida, se experimente día a día el valor de una familia. “La convivencia supone aceptarnos y soportar con paciencia los defectos de los demás. Esto se experimenta, sobre todo, en el ámbito del hogar. Por eso, hoy le pedimos a Dios que les dé el ánimo necesario para saber que también en este momento, a pesar de nuestras fragilidades, el Señor se sirve de nosotros para realizar su obra de salvación. La oración y todas las pequeñas cosas que podamos hacer, si las realizamos como ofrenda de nosotros mismos a Dios, produce un fruto abundante”.

2019-11-26T13:58:00+00:00