El Obispo nivariense ha dirigido una carta pastoral a los palmeros con ocasión de la próxima Bajada de la Virgen de Las Nieves. La misma lleva por título el mismo lema de esta cita lustral: María, madre de nuestra esperanza»

El Obispo recuerda en su misiva quefieles a nuestra centenaria tradición, los días 11-12 de julio de este año 2015, los palmeros celebramos en Santa Cruz de La Palma la 68ª Bajada de la Virgen de las Nieves, portándola en procesión desde su Santuario al pie del monte hasta la parroquia Matriz de El Salvador”. Las citadas fechas, son los dos días centrales y culminantes de las «Fiestas de la Bajada» en honor de la Virgen María. Una fiestas que se inician el 28 de junio con la “bajada del trono” y concluyen el 5 de agosto, fecha en la que la venerada imagen retornará de nuevo a su histórico y centenario Santuario.

“La Bajada de la Virgen” se ha convertido para los palmeros “en un acontecimiento en el que revivimos la historia y la vida de nuestro pueblo. Una historia y una vida llena de fe y tradición cristiana, llena de costumbres y valores culturales, llena de trabajo y esperanza en el futuro, llena de amor a lo nuestro y de apertura al mundo. Una historia de la que nos sentimos muy orgullosos y en la que, también, ha sido protagonista Virgen de Las Nieves con su amparo y protección”- sostiene el prelado.

Para la Bajada de este año 2015 el lema elegido por la Comisión eclesial es «María, Madre de nuestra esperanza. En este sentido, Álvarez recordó unas palabras del Papa Francisco que dice con frecuencia: «Quisiera repetirles a todos ustedes: no se dejen robar la esperanza. Pero también quiero decir: no robemos la esperanza, más aún, hagámonos todos portadores de esperanza».

En otro momento de sus consideraciones sobre la esperanza, la Carta Pastoral recuerda otro texto de Benedicto XVI para exponer que: «Se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino. Para los cristianos, la esperanza, con mayúsculas, tiene un término, un punto de referencia: Jesucristo”. “Esperar es vivir totalmente abandonados en los brazos de Dios, que engendra en nosotros la virtud de la esperanza, la acrecienta y la fortalece”- señaló.

En este sentido aclara la Carta Pastoral que “la esperanza por sí sola no arregla los problemas. Tampoco es un bálsamo o calmante para no sentir el dolor. Dios no promete quitar las dificultades ni los motivos de desaliento, pero da la esperanza. La situación sigue siendo la misma, pero la esperanza en Dios da fuerza para elevarse por encima de ella. Dios da fuerza al cansado y multiplica en vigor del fatigado, aunque no quite ni el cansancio ni la fatiga. En este sentido, “la Virgen  ofrece una palabra tranquilizadora: la victoria de la esperanza sobre la angustia”.

El obispo concluye su misiva invitando a orar a María, con palabras del Papa Benedicto XVI: «Santa María, Madre Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia Cristo. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino».

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