El rotativo tinerfeño «El Día» recoge el trabajo de Cáritas diocesana con los colectivos sin techo, al tiempo que da cuenta, también de la visita del presidente del Cabildo de Tenerife, Pedro Martín al recurso Café y Calor.
La intervención realizada en los dos últimos meses por Cáritas Diocesana de Tenerife -señala- ha permitido censar a más de quinientas personas que viven en infraviviendas como cuevas, barrancos, asentamientos, infraviviendas, coches o casas abandonadas.
Estos datos fueron facilitados ayer por el director de la organización no gubernamental dependiente de la Iglesia Católica, Juan Rognoni, durante la visita que solicitó realizar el presidente del Cabildo de la Isla, Pedro Martín para conocer Café y Calor, uno de los seis recursos que tiene activos en la provincia, y con los que colabora la Corporación insular.
Juan Rognoni precisó que estas más de quinientas personas que viven sin recursos han sido censadas gracias a las dos Unidades Móviles de Atención en Calle (UMAC) que están activas en el Norte y el Sur de Tenerife, así como en La Palma. «Las hemos podido localizar como es el recurso el que sale al encuentro y las va a buscar con el objetivo de poder cubrir sus necesidades básicas, siendo fundamental la colaboración de algunas comunidades parroquiales que ayudan en el reparto de kits de higiene, alimentos, mantas y sacos de dormir, así como agua potable. Junto al director de Cáritas, participó en la visita la responsable de Acción Social de la organización, Úrsula Peñate, que no ocultó la preocupación por el futuro que le espera cuando se levante el estado de alarma a las personas que están en los cuatro albergues que se han instalado en Santa Cruz, La Laguna, Granadilla de Abona y Los Cristianos (Arona) durante el confinamiento.
La incidencia de la pandemia y el decreto del estado de alarma, que se tradujo en la orden de confinamiento, llevó a Café y Calor a mantener activo este recurso las 24 horas del día, si bien su horario habitual, antes de la época del Covid-19, era de 20:00 horas a 08.00; o sea, los usuarios acudían allí para asearse, pernoctar y por la mañana desayunar y salir a la calle. Desde el trabajo en primera línea, Úrsula Peñate evidencia su experiencia: «hay personas que tienen una pensión no contributiva o una ayuda que no le da para poder alquilar una habitación por la que le piden unos 300 euros». Y sentencia: «No se podrá resolver el sinhogarismo mientras no se les garantice una vivienda».