
El Papa Francisco está guiando a la iglesia, reclamando su papel en una sociedad en profunda crisis. Recientemente ha hecho una llamada a una nueva consciencia social y ética, a una solidaridad más profunda en favor de las personas y del medio ambiente.
En Canarias tenemos amplias razones para reflexionar sobre las declaraciones del papa. Nuestro territorio no solo tiene las limitaciones físicas que todos conocemos, sino sufre un cambio cultural radical que no se adapta a la realidad local. La sociedad canaria ha mantenido en los últimos siglos un equilibrio sostenible con su medio; la actual biodiversidad de las islas evidencia el respeto por su medio que nuestra gente ha tenido a pesar de las penurias y las dificultades. En los últimos años los cambios económicos y culturales han alterado significativamente este equilibrio. Más allá de los problemas generados por el cambio climático, en Canarias se ha deteriorado de manera preocupante la relación de nuestra sociedad con el territorio donde vive.
Nuestros campos sufren el olvido y abandono por parte de una sociedad que no quiere dedicar recursos a su mantenimiento y gestión; no solamente somos cada día más dependientes de las importaciones de alimentos, sino que gran parte de nuestras tierras de cultivo están ociosas a pesar de sufrir más de un treinta por ciento de paro.
Los cambios tecnológicos y las mejoras en las comunicaciones nos han permitido elevar nuestro actual nivel de vida; nuestra población se está concentrando en los grandes núcleos urbanos, olvidando nuestras tradiciones, nuestro mundo rural. Nuestra cultura se encuentra en grave crisis, la cultura de lo pequeño, lo de aquí, lo nuestro. No queremos recordar los tiempos de carestía, una historia que con sufrimiento y trabajo, a través del ensayo y el error, aprovechaba los escasos recursos de las islas en equilibrio con el medio. Ahora solo entendemos que el presente y el futuro pasen por una globalización de supremo y salvaje capitalismo.
Como bien dice el Papa Francisco, la ecología humana está íntimamente relacionada con la ecología ambiental. Hoy las finanzas carecen de ética, lo que manda hoy es el dinero, no las personas. El pueblo canario ha sabido gestionar una naturaleza con muchas limitaciones (en agua, en suelo…). Nuestros campesinos levantaron miles de kilómetros de paredes, galerías, pozos y otras obras hidráulicas; es un patrimonio en total abandono en nombre de la modernidad y de un supuesto progreso marcado por el consumismo y el beneficio económico a corto plazo.
Hemos roto con el equilibrio ambiental y social existente, sin preocuparnos de las partes más débiles de nuestra naturaleza y sociedad. No queremos pensar que este sistema económico está condenado al basarse en recursos no renovables y al no mantenerse en equilibrio con el planeta donde vivimos. Como dice Francisco, el dinero nos roba el alma. Pensemos en nuestra gente y nuestro medio, recordemos las lecciones de la historia.
Wladimiro Rodríguez Brito
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