Aprender a Ser antes de Hacer, a cambiar Propuestas por Rostros

Permíteme que escriba para compartir algunas ideas que durante este tiempo está rondando mi cabeza, lo de menos en este momento es mi nombre o mi trayectoria pastoral, solo decir que desde que fui ordenado sacerdote compagino el cuidado de las comunidades pastorales con la labor de capellán en el mundo hospitalario.

Hoy me siento delante del ordenador en una tarde donde una vez más nos llegan mensajes y artículos de compañeros sanitarios que están dando todo por ayudar a los pacientes, una tarde donde la sociedad quiere expresar una vez más el agradecimiento a los sanitarios y a los que cubren los servicios esenciales, para que todo se nos haga más llevadero, una tarde donde las propuestas pastorales quieren abrirse paso para dar respuesta a las limitaciones que el dichoso COVID19 nos ha impuesto, una tarde… donde quizás vaya siendo hora de dejar a un lado nuestro deseo de paliar la impotencia para dar paso a rostros e historias que están latiendo (Dios sabe hasta cuándo) en los hospitales, en muchos hogares, en muchas residencias o incluso en nuestras familias.
A

yer pude vivir, de primera mano, la despedida de un ser querido, miembro de mi familia que ha fallecido inesperadamente. Un cementerio en horas poco habituales abría sus puertas a 7 personas en el más absoluto silencio que posicionaban a una distancia de seguridad de más de 3 metros, una situación que hacía surgir en el corazón de cada uno un sentimiento de impotencia y de necesidad de sabernos consolados entre nosotros. Creo que esta es la radiografía que refleja la historia de los que hoy peor lo están pasando, de los que están viviendo un futuro aun más incierto que el nuestro, los que viven un dolor que traspasa su alma por no poder recibir un cálido saludo de su familia o el aliento de un ser querido.

Con ese sabor en mi corazón hoy quise visitar a un miembro de la comunidad parroquial al cual de manera habitual suelo visitar en su casa, pero esta vez en un centro hospitalario, ya que desde hace un mes está ingresado y sin posibilidad de comunicarse con su familia la suerte quiso que le tocado la habitación que no tiene teléfono (no oye una voz conocida desde su ingreso y se ha creado la idea en su cabeza de que su familia lo ha abandonado). Me fui al centro hospitalario portando mi EPI particular con el cual me marché junto con la impotencia de no poder verlo, las restricciones no permitían que pudiera visitarlo, aun cuando su problema sea únicamente renal.

Creo que son dos ejemplos, que iluminan el cómo estoy viviendo yo esta situación, me venía a la cabeza el plan de Formación de la Pastoral de la Salud publicado por la Conferencia Episcopal sobre la Soledad, el aparente desvelo de las autoridades civiles y políticas para tocar este mismo tema, tanto esfuerzo de muchas personas y grupos para que nuestros mayores no se sientan solos, … pero…la realidad es otra. Y me pregunto, ¿habremos llegado tarde? los planes y proyectos han dado paso a la necesidad de tener que defender el trabajo de final de Máster en Soledad sin que nadie nos haya enseñado la materia.

Quizás sea hora de darle voz a los que realmente son los protagonistas principales en este momento, de aprender a Ser antes de Hacer, a cambiar Propuestas por Rostros, a dejar de cuantificar a aquellos a los que acompañamos para dar paso a nuestro ser de pastores, aun mejor de Hijos, por tanto dejémonos de lamentos, reinventemos las relaciones, descolguemos los teléfonos, acompañemos en la distancia, hagamos latir las redes, deseemos que hoy el protagonismo vuelva a ser los que vienen de Dios, nuestros hermanos, busquemos en ellos el rostro de Cristo y contemplémoslo, porque estuve enfermo y me visitasteis (Mt25) hablemos más de Él y menos de nosotros, así lograremos hacer de nuestra vida un reflejo de la del Buen Pastor donde es la oveja la que es valorada y la que con su debilidad hace que el pastor salga a su encuentro.

2020-04-07T16:43:19+00:00