El pasado 27 de febrero hacía calor en Río de Janeiro. Lo hacía porque era una tórrida tarde del verano austral y el comentario no era otro que la inminencia del Carnaval; unos afirmaban tener un destino para pasar los cinco días de vacaciones. Otros aseguraban que no hay nada mejor que disfrutar del Carnaval carioca. Yo me hallaba en el segundo grupo.

Mientas asistía al Jornal das Oito de Globo de Televisão, una noticia captó toda mi atención. El cardenal Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de la diócesis de Aparecida (São Paulo), como presidente de la conferencia episcopal del Brasil, daba a conocer la noticia de que el Beato José de Anchieta, Apóstol del Brasil, sería canonizado por la vía de super canonizatione aequipollenti (canonización equivalente) por el papa Francisco. En el primer momento, el sentimiento fue de una profunda alegría, pues yo, entre otros investigadores y profesores de la Universidad de La Laguna, hemos realizado muchas investigaciones y desarrollado acciones culturales de gran envergadura para destacar la vida y obra, literaria y evangelizadora, del Padre Anchieta.

 

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