“Si no mueves los pies, no reconocerás el ritmo de la vida”

El peregrino es alguien que “entra” en una tierra extraña, que se aparta de los apoyos comunes de la existencia; es alguien libre, que “saborea” cada paso en cada momento, que no se acomoda en un determinado lugar, que está siempre en la expectativa de lo nuevo, de lo diferente, de lo inesperado…

El camino, son los caminos del mundo… de Portugal, de España, de Brasil… pero es mucho mayor la senda de misterio y luz que el Señor le hace seguir en el discurrir de sus largas caminatas.

En el camino del peregrino hay despojamiento, pobreza, a veces hambre y sed, los caprichos de las estaciones, la incertidumbre de los días del mañana. Hay libertad de espíritu, horizontes infinitos, desafíos que despiertan la creatividad, osadía que traspasa el momento histórico…

Hay el imprevisto, el acontecimiento inesperado, que marca el ritmo de la marcha, las paradas, las estancias, los cambios de rumbo… Hay el encuentro con “fieles e infieles”, compañeros que se agregan, amigos que se ayudan, enemigos que acechan, pobres que comparten el mismo pan…

Finalmente, el camino aproxima al peregrino, a cada instante, a la meta todavía escondida, pero cierta. Al volverse hacia atrás, él se da cuenta de que el itinerario fue realmente maravilloso, que la experiencia lo transformó, que está más libre, más auténtico, más rejuvenecido…

Anchieta es el hombre “peregrino”. Va a contemplar el otro rostro de la frontera geográfica y cultural, hasta entonces inédita para él y para todos; busca vivir en profundidad esta “experiencia de travesía”, hasta los límites extremos del despojamiento y de todo. Recorre, a pie y en barco, todo el litoral brasileño. Su camino tenía que ser explorado con creatividad, osadía y temeridad. “Tenía el corazón mayor que el mundo…”

Anchieta es el hombre de “frontera”, anida en él una fuerza interior que lo arranca de la comodidad, lo coloca en continuo movimiento y lo transforma en ciudadano del mundo.

Más que un simple desplazarse, se trata de un modo de vivir y de situarse en el mundo.

Invadido por una pasión que no le da reposo, Anchieta está presente en todo, sin extraviarse nunca en la confusión de las cosas. Todo le interesa y en todo deja su “toque”: literatura, educación, medicina, teatro, catequesis, botánica… siempre en marcha, sin acortar los pasos, el peregrino Anchieta avanza como hombre libre, sin dejarse aprisionar por nada ni por nadie, abierto a los acontecimientos, dispuesto a servir a Dios y a sus pobres preferidos.

Empapados en el carisma fundante (fuente) e inspirados en lo mejor de la tradición ignaciana, somos llamados a un cambio permanente en nuestro compromiso cristiano.

El “seguidor de Jesús” es, en esencia, cambio, movimiento, dinamismo, energía… pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, de miedo, de fuga, de comodidad… sino de audacia, de creatividad, de lucha, de participación… La “fidelidad creativa” al carisma ignaciano nos impulsa a inventar constantemente, a osar sin miedo, a desplazarnos sin parar, a salir de nuestros esquemas cerrados, mentalidades caducas, formalismos fríos, modos de actuar arcaicos….

Fidelidad creativa significa una lectura” atenta de los signos de los tiempos y apertura dócil a una realidad en continuo cambio que define el campo de nuestra creatividad.

Es la osadía, motivada y sustentada por el amor de Dios, pero también por el celo apostólico y por una sensibilidad para percibir las nuevas necesidades de nuestro tiempo.

Para eso es importante reconocer el momento actual, escudriñar posibilidades de cambio… que los horizontes sean ampliados, que la imaginación sea desempolvada, que los sentidos sean activados, que se renueven los tejidos del alma y sean removidos los velos del espíritu… para que avancemos como Anchieta, en dirección a las nuevas frontera del espacio sin límites, que nos espera abierto y acogedor.

Esto consiste en ponernos en los pasos de Dios, con suficiente visión de la realidad para ir hacia adelante, y con bastante disponibilidad para cambiar de camino cuando el soplo del Espíritu así nos lo sugiera. Parafraseando al P. Kolvenbach, ex-superior general de la Compañía de Jesús, podemos afirmar:

“la mediocridad no tiene lugar en la cosmovisión del seguidor de Jesús”.

Textos bíblicos:

Mt. 4,18-25.

Mc. 4,1-9.

Mt. 9, 9-13

En nuestras vidas sucede algo de verdadero y de bello cuando nos disponemos a vivir en “estado de éxodo”: existen todavía cielos por explorar, aventuras por emprender, experiencias por aceptar, ideas por experimentar… todavía existe una “tierra desconocida” que nos desafía, que suscita curiosidad, nos pone en camino…

 

Adroaldo Palaoro, sj