Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro ha encontrado una versión nueva y
despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura en una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial pone de manifiesto la grave carencia, en las finanzas y en la economía, de su orientación antropológica que reduce el ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo. EVANGELII GAUDIUM 55.
La localización de la producción de bienes y servicios se determina por la ventaja comparativa de los países que lo hacen igual y más barato. Las multinacionales, en la práctica, los verdaderos poderes fácticos, localizan la producción, en aquellos países, en que le resulta más rentable, por menor costo. Es verdad, que esto favorece a los países menos desarrollados y más pobres, pero por el contrario, los países desarrollados, experimentan una desertificación industrial, que crea un estancamiento, elevamiento del nivel de personas que no pueden acceder al mercado de trabajo y un empobrecimiento generalizado. La raíz de ese desequilIbrio es que en los países menos desarrollados los salarios son muy bajos y la protección social casi inexistente, y en la medida que se van subsanando, la producción se va desplazando a otros destinos con costes más bajos.
Las multinacionales se rigen por un solo criterio: la rentabilidad. Se deben a la opinión de los mercados financieros, y éstos, al dinero. El dinero es poder, y su único objetivo es la acumulación sin límite. Los gobiernos, ante los inversores financieros y las multinacionales, están bajo su dominio y control.
Mientras, en los diferentes países, los asalariados y pequeñas y medianas empresas, son los principales contribuyentes fiscales, las multinacionales y grandes fortunas y los grandes fondos financieros, bajo múltiples subterfugios legales y contables, pagan muy pocos impuestos.
La banca, lugar donde tenemos localizados nuestros ahorros, no se la puede dejar caer, porque es mayor el coste que el beneficio para los impositores y el fisco. Los errores de los bancos, los pagamos todos. Pero los particulares y pequeñas empresas, pagan en sus problemas con la banca, unos costes procesales y intereses de mora que son pura usura e inmorales, sin que las leyes y las autoridades públicas hagan nada, porque son los principales compradores de deuda pública del Estado, y le ponen un tapón en la boca. En una crisis duradera y profunda como la actual, la banca se queda con todo a precio de saldo, sin que nadie diga o haga algo.
Adicionalmente, hay una corrupción ramificada y sin parangón en muchos países, que al final, queda impune.
La cultura dominante es consumir, tener. Esa subversión crea un profundo malestar social cuando una sociedad no dispone todo, y en todo momento.
¿Qué dice la Iglesia?
No a la economía de la exclusión. EVANGELII GAUDIUM ,53
Así como el mandamiento de “no matar” pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir “no a una economía de exclusión y la inequidad”. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle, y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Los excluidos no son “explotados” sino desechos, ”sobrantes”, no se vive en la sociedad, abajo, en la periferia, sino que se está fuera.
No a la globalización de la indiferencia. EVANGELIUM GAUDIM,54.
Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera.
No a un dinero que gobierna, en lugar de servir. EVANGELII GAUDIUM,55
Tras esta actitud se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios. La ética suele ser mirada con cierto desprecio burlón. Se considera contraproducente, demasiada humana, porque relativiza el dinero y el poder. Se la siente como una amenaza, pues condena la manipulación y la degradación de la persona. En definitiva, la ética lleva a un Dios que espera una respuesta comprometida que estás fuera de las categorías de mercado. Para éstas, si son absolutizadas, Dios es incontrolable, inmanejable, incluso peligroso, por llamar al ser humano a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud.
Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto… los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética a favor del ser humano.
IGNACIO GARCIA FARIÑA
Economista