Carmen María, Teresa, Dolors, Pino, Cecilia, Juan, José Ángel, Quino, Concha, Mónica, Conchi, María,… y así hasta
21 personas se han reunido de forma constante; no siempre han estado los 21, jamás se ha pasado lista, pero sí se ha participado con entusiasmo y responsabilidad. La experiencia ha sido enriquecedora.
Durante sesiones de una hora y media, de seis y a siete y media, con rigor, desde el 23 de noviembre hasta el 6 de junio se han reunido en dependencias del Istic con la inquietud de desgranar conjuntamente la Carta encíclica Laudato Si’.
Han sido doce sesiones, a lo largo de doce lunes. Todos coinciden en que se ha tratado de trabajar desde y para la vida; ha supuesto una nueva forma de aprender, de formarnos y de acercarnos a un documento eclesial. Laicos de parroquias y de movimientos, una religiosa, dos consagradas, un cura, todos han caminado en una misma dirección, con gratitud al Istic que nos ha permitido reunirnos en sus dependencias
A veces ha dado la impresión de que «el texto no dice cosas excesivamente nuevas, recuerda muchas cuestiones que ya sabemos, pero anima a vivirlas»; «esta forma de trabajar es diferente, posibilita una relectura»; «la pluralidad, las presencias, el eco de experiencias en partidos políticos, la vivencia del campo, tal riqueza de espacios de acción me ha ayudado a oír voces plurales, agradezco la perseverancia»; «este grupo de trabajo me ha ayudado a descubrir lo cotidiano y su importancia, que cuidemos el entorno, la vida, la compra»; «experiencia de aprendizaje, de pluralidad, de corresponsabilidad», estos son los pensamientos de los miembros de este grupo plural.
Proyecto que se cumplió e hizo realidad; partió de una idea de la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar y contó con el apoyo de Dolor Gaja, Misionera de Nazaret.
Durante estos meses en el ambiente de nuestros encuentros han resonado palabras que están llamadas a ser identidad y estilo de vida; a la luz de esta carta encíclica del Papa Francisco; estamos sometidos a la recepción de numerosa y diversa información, que no siempre contrastamos, el entorno nos envuelve en aras de una vida marcada por el consumismo, perdemos el norte de la importancia que tiene cualquier acto y como se describe en la propia encíclica comprar es siempre un acto moral. Se hace preciso favorecer nuestra creatividad y trascender al misterio, descubrir que nuestra espiritualidad no está desconectada del cuerpo, ni de la naturaleza.
El ser humano es responsable no solo de cuidar el entorno sino de legar un mundo necesario y adecuado a las generaciones futuras. El abuso de las materias primas, el desajuste incontrolado del mercado, el desigual reparto de beneficios, el desapego del trabajo manual, artesano, el escaso aprovechamiento de los bienes materiales que poseemos nos invita a pedir con misericordia que aprendamos a mirar con los ojos de Jesús el entorno, el trabajo, el descanso, la naturaleza, a las personas.
Agradecidos y enriquecidos, conscientes de que los creyentes encontramos en el texto trabajado un estilo de vida más austero y honesto, más fraterno y evangélico. Este texto presenta numerosas provocaciones que nos acercan a muchas personas de buena voluntad preocupadas como los creyentes en cuidar y legar una casa común digna.
María José García Cabrera
Delegada episcopal de Apostolado Seglar