En 1822, la joven francesa Pauline Jaricot comenzó en Lyon una iniciativa con pequeños grupos de diez personas donde cada integrante se comprometía a rezar por las misiones y aportar una pequeña cantidad semanal.

La idea se expandió rápidamente y dio origen a la Asociación de la Propagación de la Fe para apoyar la evangelización, especialmente en China en sus inicios.

El 14 de abril de 1926, el Papa Pío XI asumió la obra, la declaró pontificia y fijó el penúltimo domingo de octubre como la jornada universal dedicada a las misiones. Lo que en la actualidad conocemos como DOMUND.

De esta institución pontificia se cumple en 2026, un siglo. Cien años dedicados a visibilizar y sostener la labor de miles de misioneros que entregan su vida a la evangelización y la promoción humana en todos los rincones del planeta.

Como es tradición en el mes de octubre, varios misioneros acuden a nuestra diócesis para compartir sus testimonios en parroquias y colegios. En esta ocasión, hemos tenido el gusto de recibir a tres misioneras: Marie Claire Silatchom, misionera Dominica del Rosario; Ruth Joseph, hermana misionera de San Pedro Claver y Omaira Martín, misionera comboniana.

Tres carismas diferentes, pero con el mismo propósito. Como bien reza el lema del DOMUND de este año: “Uno en Cristo, unidos en la misión”.

Marie Claire es camerunesa y su vocación, asegura, es consecuencia de la educación cristiana que le brindaron sus padres. “Fueron ellos los que me llevaron por primera vez a la iglesia. Me marcó mucho cómo el párroco atendía a las personas que sufrían. También fue clave conocer la labor de las hermanas dominicas del Rosario. Yo quería ser como ellas. Ser útil para aliviar el dolor de los pobres y de los enfermos”.

República Dominicana del Congo, Perú, Angola o Mozambique son algunos de los países donde Marie Claire ha estado como misionera. Según indicó, en ocasiones ha tenido que vivir realidades muy duras que no se le van de la cabeza. “Cuando llegué al Congo me encontré con un pueblo muy acogedor. Pero, durante la guerra vi como mataban a cuatro hermanas españolas de 25, 27, 30 y 37 años”.

Este contexto de violencia siempre está latente y en cualquier momento puede desembocar en enfrentamientos, señaló la misionera camerunesa. “Una vez recuerdo ir caminando tranquila al trabajo y, de repente, vi aparecer fusiles, por un lado, misiles por otro…Tuve que pasar un mes en otra ciudad sin saber si las hermanas de mi comunidad seguían vivas porque en ese tiempo no había teléfonos como ahora”.

Durante aquella época, el deseo de la familia de Marie Claire era que regresara a Camerún pero esta misionera, a pesar del miedo, lo tenía muy claro. “No podía irme. Pensé que no podía ser misionera solo cuando todo iba bien. Por eso, permanecí en medio de aquel conflicto terrible asumiendo que en cualquier momento me podían matar”.

Por su parte, Ruth Joseph es natural de Kenia y su vocación nació gracias al testimonio de tantos misioneros que pasaron por su país cuando era niña. “Mi padre era catequista y en la parroquia teníamos un equipo vocacional para ayudar a los jóvenes que querían ser sacerdotes o monjas. El problema era que para llegar a la parroquia más cercana tardaba 12 horas”.

Ruth recuerda que desde que entró a la congregación se sintió como en casa. “Empecé con 19 años después de realizar los estudios. Desde el principio he sido muy feliz. Estamos presentes en cinco continentes haciendo animaciones misioneras. Yo siempre he querido ser como San Pedro Claver. Donar mi vida para el bien de la sociedad y para llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo”.

Tal y como recordó nuestro obispo Eloy Santiago en su carta con motivo del DOMUND, en este día estamos invitados a tomar conciencia de nuestro «ser» Iglesia, no de nuestro «hacer», como a veces pensamos. Una idea que le gusta tener bien presente a Omaira Martín. “Creo que en algunos países europeos la fe ha quedado algo dormida. Por eso nuestro carisma hace hincapié en la importancia de ser Iglesia y estamos llamados, sobre todo, a reanimar esa fe allá donde se necesite”.

En este sentido, Omaira indicó que es necesario reavivar nuestro ser cristiano y expresar con alegría el gozo que llevamos dentro. “Yo vengo ahora de Zambia donde he estado diez años y puedo decir que me he encontrado con una Iglesia muy viva que disfruta de las celebraciones intensamente. Eucaristías que pueden durar perfectamente dos horas y media, o tres horas. En 2017, en Zambia celebramos 125 años de catolicismo y creo que la celebración duró más de cuatro horas. Para los habitantes de allí es lo normal”.

Durante todo este tiempo, lo que más ha marcado a Omaira como misionera ha sido el contacto con la gente. “Lo más que me ilusiona de la Iglesia en Zambia es que la gente está asumiendo protagonismo. Ya no son elementos pasivos, sino auténticas piedras vivas. Pienso que cada vez se ve más cercano el lema de San Daniel Comboni: “Salvar África con África”.