Carta pastoral con motivo de la celebración del Domund 2026
18 de octubre de 2026
Con la llegada del mes de octubre, el mes misionero, celebramos cada año el Domingo Mundial de las Misiones, más conocido por su abreviatura Domund. Una cita anual que nos ayuda a tomar conciencia de nuestro «ser» Iglesia, no de nuestro «hacer», como a veces pensamos.
El Decreto Ad gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia del Concilio Vaticano II, clausurado en 1965, lo expresaba con claridad en los siguientes términos: «La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza» (Ad gentes, 2). Una década después, san Pablo VI lo ratificaba extendiéndolo más allá de las misiones ad gentes: La Iglesia «existe para evangelizar» (Evangelii nuntiandi, 14), en cualquier ámbito o contexto en el que se encuentre; lo que después han ido ahondando los sucesivos Papas en su magisterio.
Esta afirmación sobre el ser de la Iglesia encuentra su fundamento en el mandato misionero de Jesús a los apóstoles tras su resurrección: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Una exhortación dirigida no a un apóstol en particular, sino al conjunto de ellos: «vayan». Así pues, es la Iglesia, toda ella, la que está llamada a ir a anunciar el Evangelio, no solo unos pocos. En efecto, la Iglesia es misterio de comunión, participación y misión, como recordaba recientemente el Sínodo sobre la Sinodalidad.
En este contexto entendemos el lema escogido para la celebración del Domund de este año que incluye estos dos aspectos. «Uno en Cristo», es decir, por la comunión que procede de un Señor, una fe, un bautismo, formamos un solo cuerpo y un solo Espíritu (cf. Ef 4, 4-5), somos –aunque muchos– uno en Cristo. Así lo podemos ver en el lema episcopal de León XIV –que ha mantenido como Papa– y que está tomado de una homilía de San Agustín de Hipona: «In illo uno unum», «en Él [Cristo] somos uno».
Esta unidad de la Iglesia en Cristo se manifiesta en la unidad de la misión, por esto estamos «Unidos en la misión», como leemos en la segunda parte del lema de esta jornada del Domund. Así es, la unidad en la fe conlleva la unidad en la misión. Todos participamos de la misión de la Iglesia, cada uno según su vocación y su carisma. Somos, como afirmaba frecuentemente el Papa Francisco, «discípulos misioneros».
El Domund nos invita a recordar a quienes han sentido una particular llamada para vivir la misión de la Iglesia ad gentes, es decir, entregando su vida al servicio de la Iglesia para ir a otros lugares con el fin de anunciar a Jesucristo, muchas veces en contexto de pobreza e incluso de persecución a causa de la fe.
Los misioneros nos hablan de esta «magnífica humanidad» que Dios ha creado y que es capaz de entregar libremente su vida por el anuncio del Evangelio de la Salvación. «El mundo sigue necesitando de estos valientes testigos de Cristo –afirma León XIV–y las comunidades eclesiales siguen necesitando nuevas vocaciones misioneras». También nuestra querida diócesis nivariense, en la que deseamos surjan más vocaciones misioneras ad gentes, señal de una Iglesia viva que continúa el legado dejado por grandes misioneros como San José de Anchieta en Brasil o el Santo Hermano Pedro en Guatemala, y otros tantos hombres y mujeres que han respondido con generosidad a la llamada misionera.
A todos ellos los recordamos en este curso pastoral en que nuestra Diócesis ha escogido como lema del mismo: «Hagamos memoria». Hacemos memoria de los misioneros, así como de esta Jornada del Domund que, en este año 2026, celebra su centenario. Cien años dedicando un domingo al año a esta dimensión esencial de la Iglesia, recordándonos la urgencia misionera e invitándonos a sostener con la oración y con nuestra humilde, pero generosa, aportación económica la labor de los misioneros, la misión de la Iglesia, sintiéndonos uno en Cristo y unidos en la misión.
Queridos hermanos y hermanas, acojamos el llamamiento que León XIV hace a toda la Iglesia en su Mensaje para esta 100.ª Jornada Mundial de las Misiones: «unámonos todos a ellos [los misioneros y misioneras] en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones».
Con el Sucesor de Pedro elevamos nuestra oración: «María, Reina de las Misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva».
Que el Señor bendiga nuestra diócesis con vocaciones misioneras y nos haga a todos sentir la urgencia de la evangelización en nuestras islas y de la misión ad gentes en el mundo entero.
✠ Eloy A. SANTIAGO SANTIAGO
Obispo de San Cristóbal de La Laguna