«Incluso uno solo de estos pequeños» es el lema de la 112 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado que celebramos este domingo 27 de septiembre.

En el marco de esta jornada, la Catedral de La Laguna acogió una celebración de la Eucaristía presidida por el vicario general, Juan Antonio Guedes para pedir por las personas migrantes y refugiadas y para dar gracias por la riqueza que supone la diversidad de culturas en nuestras comunidades parroquiales. Asimismo, durante la celebración también tuvo lugar el envío de los catequistas.

Guedes centró su homilía en tres pilares que siempre debe tener presente la Iglesia en el ámbito de las migraciones: acoger, integrar y evangelizar.

El vicario general hizo hincapié en que la labor de los cristianos debe ir más allá de la acogida. En este sentido, recordó las palabras del papa León XIV en la plaza del Cristo de La Laguna cuando apuntaba que la dignidad de las personas no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera.

Guedes, al hilo de la Palabra de Dios proclamada, también hizo hincapié en la importancia de ver “al otro” con los mismos sentimientos de Cristo Jesús. “Desde esa perspectiva tenemos que enfocar la acogida al que viene de fuera. Una acogida que venza los prejuicios y esté centrada en el respeto”.

En cuanto a la integración, Guedes destacó que no se puede integrar a una persona si no se le da oportunidades. “Es un ejercicio por ambas partes. Ellos tienen que hacer el esfuerzo para adaptarse a nuestra cultura y nosotros hemos de permitírselo. Para ello hay que vencer ciertas ideologías que no están de acuerdo con el Evangelio, aunque quienes las promuevan se llamen cristianos”.

Toda esta pastoral necesita una guía, añadió Guedes. “El mejor filtro para saber si estamos haciendo lo correcto es siempre el Evangelio”.

Por último, el tercer verbo al que hizo referencia el vicario general fue “evangelizar”. “Desde el respeto a la libertad y a la conciencia de cada migrante y de cada refugiado, debemos ofrecer nuestro tesoro, Jesucristo. Primero con nuestras actitudes y luego con nuestras palabras. Pidámosle a Dios que nos conceda su ternura para poder tratar a los demás con los sentimientos de su Hijo y a así ser personas acogedoras, integradoras y evangelizadoras”.