Los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca están preparando su próximo Capítulo General que se celebrará en mayo de 2027. Terminará por tanto el sexenio del actual superior general, Luis Miguel Martell, quien esta semana mantuvo un encuentro con el obispo Eloy Santiago.
Preguntado por la posibilidad de salir elegido, de nuevo, superior de este instituto religioso, Martell responde con tono de broma. “Uno ya está en salida. Aun así, es un caso que se podría dar, no lo sé. Lo cierto es que ya son muchos años y lo mejor sería que el Señor mirase para otro lado. Pero, si toca, como decía el hermano Isidoro, pues lo que Dios quiera y como quiera”.
Los Hermanos de Cruz Blanca celebraron el pasado 2025, 50 años de vida de religiosa. Según indicó Martell, medio siglo para dar gracias a Dios. “El Señor nunca nos dejó de la mano en todo este tiempo. Aquello que empezó de una forma muy tímida y con muy pocos recursos, hoy día es una realidad en 27 casas familiares repartidas por la península y Canarias, además de las casas que tenemos en Venezuela, Marruecos y Argentina”.

Cruz Blanca también vivió de una forma muy intensa la visita en junio del Papa León XIV. “Yo lo viví personalmente en Gran Canaria. Como buen canarión, tuve la suerte de poder acudir allí. Estuvimos en el Puerto de Arguineguín con un grupo de 160 personas migrantes de las que atendemos en la isla. Fue una jornada preciosa. Pudimos saludar personalmente al Santo Padre y a pesar de que los migrantes eran de otra cultura, para ellos fue muy importante que alguien de la categoría del Papa pusiera luz sobre su drama migratorio”.
El carisma franciscano se podría resumir en vivir como los más pequeños y humildes de la sociedad, sin buscar poder ni privilegios. En el caso concreto de los Hermanos de Cruz Blanca este carisma se materializa, sobre todo, en la atención a personas vulnerables con discapacidades intelectuales profundas. Algo, recuerda Martell, que no puede reemplazar la Inteligencia Artificial. “La compasión y la misericordia nunca las recibirás de una máquina. Yo llevo ya mucho tiempo insistiéndole a mis hermanos religiosos y a todas las personas que tienen a bien escucharme, que cuando nos colocamos ante una persona vulnerable y necesitada tenemos que hacernos una pregunta: ¿y si fuera yo? En este caso les tocó a ellos, pero nos podría haber tocado a cualquiera de nosotros”.
Martell añadió que el secreto para seguir adelante en esta, a veces, difícil y sacrificada labor no es otro que pedirle a Dios todos los días el don de la fe. “Cuando la gente me dice, Dios no existe, yo me hago una foto con cualquiera de mis residentes y les respondo, aquí está. Yo tengo el privilegio de vivir con él a diario, porque Cristo ha resucitado y habita entre nosotros”.