Incluso uno solo de estos pequeños

112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

Domingo, 27 de septiembre de 2026

Querida familia diocesana:

El lema de la Jornada del Migrante y del Refugiado de este año está inspirado en las palabras de Jesús cuando, para responder a la pregunta de quién es el mayor en el reino de los cielos, pone a un niño en medio de los discípulos invitando a su acogida: «el que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5); y, previniéndoles de un posible rechazo, les advierte: «cuidado con despreciar a uno de estos pequeños» (Mt 18,10). Palabras que no nos pueden dejar indiferentes como discípulos de Cristo, sino que cuestiona nuestra conciencia sobre cómo actuamos con ellos.

De esta manera se pone ante nosotros la dramática realidad de los menores, «los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales», como recuerda León XIV en su Mensaje para esta Jornada, que les invito a leer[1]. Niños y jóvenes que «se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos», había ya indicado su predecesor Francisco hace algunos años.

La comunidad cristiana, la Iglesia, nuestra diócesis, tu parroquia… como madre, está llamada a acogerlos favoreciendo una cultura del encuentro. Se trata de «aprender el lenguaje de la cercanía –como nos pedía el Papa en su visita a nuestra diócesis el pasado junio– ese que se comprende más con las manos que con las palabras» (León XIV, Discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna).

El mismo León XIV nos lo enseñó con sus hermosos gestos acogiendo y abrazando a los niños inmigrantes en el Dispositivo de Acogida de Las Raíces, con naturalidad y alegría; con una mirada llena de ternura y de comprensión. Imágenes que recorrieron el mundo entero, ocupando titulares, y que es expresión de una Iglesia acogedora, que abraza a quien sufre, a quien ha sido víctima de mafias, a quien quizás ha perdido a su madre y se encuentra solo y desamparado… pero no está solo. Mientras haya un cristiano, incluso uno solo, habrá alguien que reconozca en ese pequeño a su Maestro, que nos enseña que lo que le hagamos se lo hacemos a Él mismo («En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis», Mt 25, 40).

Palabras que no pueden dejar de resonar en nuestro corazón para que caigan «las barreras más difíciles de derribar [que] no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia» (León XIV, Discurso en la Plaza del Cristo de La Laguna); un miedo que algunos buscan alimentar a través de la manipulación de la información creando confusión en la opinión pública y en los ciudadanos, incluso en los que formamos la Iglesia de Cristo.

Se nos invita a estos gestos «incluso a uno solo de estos pequeños». No se trata de grandes números, somos limitados y no podemos aspirar a solventar los problemas del mundo, pero sí de una persona concreta. Hemos de reconocer en cada uno, incluso en uno solo, sea un recién nacido, un niño, un adolescente o un joven a un ser humano, como nosotros, que ha nacido del amor creador de Dios, que posee una dignidad propia, una dignidad ontológica, en cuanto persona y que, por eso, tiene que ser acogida, respetada y promovida, como insiste el Papa en su encíclica Magnífica humanidad.

«Es la dignidad que pertenece a todo ser humano simplemente por el hecho de existir, de haber sido querido, creado y amado por Dios, ningún pecado, ningún fracaso, ninguna humillación, ninguna exclusión puede afectar el valor profundo de una vida humana que Él ha querido y llamado al ser» (León XIV, Enc. Magnifica humanitas, 52)[2].

Queridos hermanos y hermanas, quienes formamos esta familia nivariense, la diócesis de San Cristóbal de La Laguna, y que tuvimos el gozo de sentirnos bendecidos con la presencia del Papa en medio de nosotros no podemos ni debemos olvidar las palabras que, como Sucesor de Pedro, nos dijo. El reto que nos marcó en nuestra acción evangelizadora: «su vocación –nos decía a nuestra diócesis– es la acogida», «convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas» (León XIV, Homilía en la Misa del Puerto de Santa Cruz de Tenerife).

Que la celebración de esta Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos ayude a seguir creciendo en nuestra vocación de ser una Iglesia acogedora, «incluso con un solo de estos pequeños», siguiendo el ejemplo de María, modelo de la Iglesia, que en su advocación de la Virgen de Candelaria acompañó a muchos canarios que emigraron en tiempos pasados y que hoy acoge a muchos inmigrantes que vienen a nuestras islas desde los países hermanos de Latinoamérica.

 

✠ Eloy A. SANTIAGO SANTIAGO
Obispo de San Cristóbal de La Laguna

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[1] https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/migration/documents/20260811-world-migrants-day-2026.html

[2] https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

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