Monición de entrada
Nuestros anhelos de paz, justicia, libertad, felicidad, alegría, son unas constantes que, por su precariedad en la realidad humana, resuenan con tonos de esperanza, en nuestras celebraciones de Adviento y que serán experiencia en nuestras vidas, en la medida en la que escuchamos la otra voz que resuena en el desierto del momento actual de la historia que nos toca vivir: «Convertíos». Y aunque nuestro camino al Padre precisa de una conversión continua, es preciso experimentar la acción primera del Espíritu Santo que nos hará capaz de todo ello y de podernos alimentar del pan de la palabra y de la Eucaristía.
Primera lectura
El anuncio del profeta Isaías es un canto a la esperanza, a un futuro próximo penetrado del Espíritu de Dios que, encarnado por alguien de la estirpe de Israel, será referente para toda la humanidad.
Salmo
El salmo nos enseña ya, lo que definiría la identidad del Mesías y dónde encontrarlo, pues allí
donde la justicia y el derecho están en precario o ausente, Él está presente.
Segunda lectura
Pablo nos ayuda a entender que en Jesús, nacido en el pueblo elegido, se cumplen las Escrituras, que confirman que su misión se extiende a toda la humanidad. Y esta certeza debe animar la esperanza y el consuelo que fortalecen la comunión y la convivencia entre los hermanos.
Evangelio
Convertíos es la palabra que resuena en el evangelio que se nos proclama en boca de Juan. Su testimonio de vida nos enseña que en ello reside la fuerza de su mensaje y el fruto de su misión. Denuncia una religiosidad vacía, ausente de compromiso. Una conversión sincera da paso a Quien nos bautizará con el fuego del Espíritu Santo.
Oración universal o de los fieles
Urgidos por la palabra de Juan en el desierto, pidamos confiados al Señor: Conviértenos, Señor.
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Por el Papa Francisco, nuestro obispo Bernardo, los sacerdotes, diáconos, personas
consagradas y todo el Pueblo de Dios. Para que su testimonio y conversión ayuden a nuestra
conversión. OREMOS.
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Para que María interceda por la Iglesia, para que sea verdaderamente sal, luz y fermento en
medio del mundo. OREMOS.
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Roguemos al Señor para que, asumiendo nuestra incapacidad, nuestra nada, nos regale el don
del Espíritu Santo. OREMOS.
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Pidamos al Señor que sepamos reconocer su rostro, su presencia en cuantos sufren cualquier
carencia y le sirvamos con entrega y acción de gracias. OREMOS.
- Para que, por la intercesión de María, seamos una comunidad viva que ayude a reconocer al mundo nuestra condición de discípulos “viendo cómo nos amamos”. OREMOS.
Escucha, Padre, la oración de tu Iglesia que, necesitada de conversión, se dirige a Ti confiando en tu misericordia y en la confianza de la promesa del Espíritu Santo derramado en nuestros corazones. Por JC Nuestro Señor. Amén.
Ofrendas
Con el pan y el vino presentamos una vela encendida, signo de la luz y el fuego, el Espíritu de Dios, que resucita y convierta nuestro corazón.