En La Laguna, la procesión litúrgica del Domingo de Ramos se inició en el Obispado. El prelado Nivariense invitó a los presentes a que los Ramos que portaban  se convirtieran en buenas obras. «Que nuestros ramos, que son brotes nuevos de propósitos santos, no se marchiten en las manos y se conviertan en ramas secas»- aseveró en su breve alocución.

Desde la calle S. Agustín, la procesión acompañada de pequeños y grandes y con los cantos propios del día, se dirigió hacia la Catedral, donde el obispo preside la Misa Solemne de este día. En esta ocasión se proclamó la pasión según S. Marcos.

En la homilía Álvarez profundizó y amplió la idea que había expuesto frente a la fachada del obispado. «Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se trasformó, cinco días más tarde, en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz. Las flores y las espinas. A quienes antes le tendían por alfombra sus propios vestidos, a los pocos días lo desnudan y se los reparten a suerte».

«Caminemos hacia la Pascua con amor»- exhortó.  Para Álvarez «vivir la Semana Santa es acompañar a  Jesús desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección». Además, invitó a los fieles presentes en la Catedral a aceptar a Jesús presente en la vida de cada uno, a ser cristianos en el día a día, practicando la oración, los sacramentos y la caridad.

El obispo quiso, además, subrayar que «Cristo nos dio ejemplo para que sigamos  sus huellas». Ejemplo de perdón, de de paciencia, de no devolver mal por mal, de encomensarse unos a otros, etc. Además, quiso recordar el caracter actual de la Pasión en la que también hoy puede poner sus manos a la hora de condenar a Jesús, de prolongar su pasión, a través de las obras de la propia vida.

«Semana Santa es la gran oportunidad  para detenernos un poco», lo cual facilita el preguntarse en dónde se gasta y desgasta la vida, dar un rumbo nuevo ala existencia, y acoger a Dios y a los hermanos, de manera preferente a los más pobres. «Es la gran oportunidad para morir con Cristo y resucitar con Él, para morir a nuestro egoísmo y resucitar al amor- aseveró.

Al finalizar la Misa se efectuó la procesión de la entrada de Jesús en Jerusalén y Cristo predicador.