Mi nombre es Leticia, estoy casada con Pedro desde hace casi 20 años y tenemos dos hijas de 11 y 14 años. A nivel profesional soy profesora de religión y miembro del equipo de pastoral del Colegio Pureza de Maria de Santa Cruz de Tenerife.

 

En estos meses que hemos vivido confinados, se han puesto de manifiesto los pros y los contras de disponer de más tiempo para compartir en familia. Desde las tareas de casa, pasando por “los turnos para usar el ordenador” y hasta el qué “hacer juntos”. Sin duda un reto muy atractivo en el que, con una adolescente y una preadolescente, no nos ha permitido aburrirnos ni un minuto.

 

Y ¿Cómo hemos vivido la fe? La verdad es que desde un primer momento, nos llegaron a través de las redes sociales, iniciativas para estar unidos desde la fe. Por ejemplo, mi colegio colgaba todos los días la oración de la mañana, como si estuviéramos en clase; los claretianos enviaban folletos de cómo orar en familia, la cual realizamos varias veces con nuestra hijas (a pesar de sus quejas por hacerla, los que son padres, me podrán entender); y por último, los jesuitas de Las Palmas hacían una oración diaria, desde la capilla de su comunidad, usando las plataformas de Zoom y Youtube. 

 

Esta última iniciativa, fue la que más pude vivir junto a mi familia. Muchos días a las 19h, después de los aplausos, nos unimos a la oración con los jesuitas, junto con amigos de Tenerife y Las Palmas. Por el chat, las personas podían hacer su propia petición o acción de gracias. Fue muy bonito y nos ayudó a sentirnos unidos en la fe.

 

Pero, para mí, el momento más especial fue en Pascua. Este año, debido a la situación de alarma sanitaria que estábamos viviendo, no pudimos celebrar la Pascua familiar que íbamos a organizar, como el año pasado, en el colegio Pureza de María de los Realejos. Fue muy decepcionante, tener que suspenderla. Mi sorpresa fue, que a través de las redes sociales pudimos celebrar la Semana Santa y la vigilia pascual. Cada uno desde su casa, participó leyendo una lectura, haciendo una petición, tocando la guitarra, cantando una canción. ¡Nunca pensé que esto habría sido posible! ¡Fue muy bonito!

 

Por otro lado, desde hace unos años, junto a mi marido, iniciamos el proyecto de “El Reloj de la Familia” en Tenerife, sin duda una experiencia que ayuda a las familias, en sus diferentes realidades. Este curso habíamos desarrollado un reloj en las parroquias de la parte alta de Icod, otro en La Pureza de Los Realejos y un tercero en la parroquia del Sagrado Corazón, de Santa Cruz. En este último nos faltó completar el último encuentro. Los “relojeros”, así nos hacemos llamar los que damos el taller, nos pudimos reunir on- line para concretar cómo poner fin a este último reloj del año.  Confiamos en que el 20 o 27 de Junio podamos hacerlo como se merece.

 

Este tiempo de confinamiento, nos ha ayudado a ser creativos y a usar la tecnología, con el fin de poder vivir, como Iglesia, nuestra fe. Ojalá, lo vivido en este tiempo, nos ayude a seguir teniendo iniciativas de encuentro y comunidad.

 

Un saludo y mucho ánimo.