Cristo Yusta es padre de familia y colaborador del departamento de comunicación de la Diócesis Nivariense. Él nos cuenta cómo ha sido la experiencia de retransmitir en directo las celebraciones religiosas en medio del confinamiento. Asimismo, en este tiempo de emergencia sanitaria, ha sido especialmente significativo para él y para su esposa, comunicar a familiares y amigos que van a ser padres por segunda vez.

La primera semana del confinamiento fue sin duda la más complicada por la incertidumbre del trabajo. Surgió la retransmisión de misa diaria y se abrió un nuevo escenario para mí al empezar a retransmitir con los medios que tenía. Me reinventé con la situación de confinamiento, afrontando esta situación con creatividad y mucha ilusión. Fueron 57 días, y de todas las retransmisiones, me quedo con las celebraciones de la misa en la Basílica de Candelaria, a los pies de nuestra madre. Allí vi a nuestro obispo emocionarse al pedirle a la Virgen por el fin de la pandemia y eso se me quedará para siempre en el recuerdo.

Algo importantísimo para superar todo este tiempo ha sido mi familia, pilar fundamental cada día que salía de casa. La noticia de ser padre por segunda vez, el cariño y la entrega de mi mujer, la alegría de comunicar que íbamos a ser padres esta vez por whatsapp y no con una comida familiar. La felicidad que tenemos en el entorno familiar me motivó a pensar que todo saldría bien.

Por otro lado, este tiempo me ha servido para pensar en toda la gente que ha sufrido esta pandemia, de forma especial la gente mayor, abuelos que tanto han hecho por nosotros y que son los más vulnerables y a los que más ha afectado esta enfermedad.

Mi mujer y yo vamos para tres años de casados y siempre por la noche tenemos el rato de oración juntos y a nuestra lista de peticiones (es una lista grande porque siempre se van sumando peticiones jejeje ) añadimos desde el primer momento los enfermos de coronavirus, a los fallecidos y a sus familiares por la situación de tener a un familiar enfermo sin poder ir a visitarlo y luego el hecho de perder a alguien sin haberlo podido acompañar. Nos pusimos a pensar en sus situaciones y es muy triste. Por desgracia esto lo han tenido que vivir muchas familias.

En resumen, me ha servido para reinventarme profesionalmente, para valorar mucho más a mi familia y para darle aún más gracias a Dios por todas las situaciones que me ayuda a vivir en cada momento de mi vida.